
Un ensayo a partir de las posiciones de Gardner, Cheng, Levy & Murnane
No hay duda que el mundo del trabajo ha cambiado drásticamente, desde la última Guerra Mundial y con mayor celeridad desde finales del siglo pasado, gracias a la Ciencia y a la Tecnología. Mientras la primera hace descubrimientos la segunda inventa a partir de esos descubrimientos, cambiando los estilos de vida y los ambientes laborales. La tecnología ha creado nuevas necesidades en la sociedad (mi posición) y estas necesidades han creado una nueva forma de organizar el trabajo, para ser competitivos en un mundo globalizado, que cada vez es más agresivo y exige competencias más especializadas a los trabajadores, más allá de su profesión adquirida en el sistema educativo tradicional.
Los autores de referencia coinciden en que el profesional del futuro debe ser una persona flexible, con gran capacidad para trabajar en equipo, con gran capacidad de comunicación, socialización y sobre todo con gran capacidad para resolver problemas, que no se pueden resolver teniendo como base los dogmas tradicionales del Álgebra. El gran reto de acuerdo a los autores para la educación, es como enseñar el pensamiento especializado y la comunicación compleja a los estudiantes, donde la forma de medir el aprendizaje es por medio de un examen de selección múltiple colegiado para ahorrar dinero. También este sistema educativo tradicional solo concibe que se pueda aprender a través de materias formales y no a través de experiencias extra clases o fuera de la Institución educativa.
La posición es que la educación tradicional no prepara a los jóvenes para el futuro, donde la integración de talentos, pericia y experiencia para comparar situaciones problemáticas y resolverlas, no es la tónica del aula. Es más, la colaboración entre estudiantes, no es la regla y precisamente esta competencia es vital, para laborar en algunas empresas actuales y aun más en las empresas del “futuro”.
Tradicionalmente los modelos educativos han ido de la mano con los ambientes de trabajo, en el sentido de que prepara a las personas para el supuesto entorno laboral, donde se van a desempeñar, sin embargo; las competencias tradicionales de la educación ya no son del todo útiles actualmente y mucho menos en un futuro cercano, hay desfase definitivamente. El profesional no está siendo preparado para responder al mundo del trabajo que demanda las competencias señaladas, que se enfocan en la creatividad y solución de problemas. Creatividad para hacer los procesos “menos gordos”, más planos y con equipos de trabajo pequeños pero de alto desempeño.
Todo este entorno plantea un desafío para la práctica docente tradicional; el educador debe tener claro que la forma tradicional de enseñar y evaluar el aprendizaje, no es efectivo. Los exámenes de selección, marcar con X o resolver una ecuación, no son efectivos. El docente no puede pararse al frente de una clase y basar su transmisión de información en una docencia magistral. Debe ser más creativo y debe tener presente las distintas formas en que las personas aprenden; por ejemplo: investigación individual y grupal, solución de casos, prácticas dirigidas, pasantías en empresas o ejercicios críticos. Debe fomentar el pensamiento crítico, el proceso interno de la información para sacar conclusiones y modelos de referencia, para solucionar problemas y tomar decisiones cuando lleguen a las empresas.
No hay duda que el mundo del trabajo ha cambiado drásticamente, desde la última Guerra Mundial y con mayor celeridad desde finales del siglo pasado, gracias a la Ciencia y a la Tecnología. Mientras la primera hace descubrimientos la segunda inventa a partir de esos descubrimientos, cambiando los estilos de vida y los ambientes laborales. La tecnología ha creado nuevas necesidades en la sociedad (mi posición) y estas necesidades han creado una nueva forma de organizar el trabajo, para ser competitivos en un mundo globalizado, que cada vez es más agresivo y exige competencias más especializadas a los trabajadores, más allá de su profesión adquirida en el sistema educativo tradicional.
Los autores de referencia coinciden en que el profesional del futuro debe ser una persona flexible, con gran capacidad para trabajar en equipo, con gran capacidad de comunicación, socialización y sobre todo con gran capacidad para resolver problemas, que no se pueden resolver teniendo como base los dogmas tradicionales del Álgebra. El gran reto de acuerdo a los autores para la educación, es como enseñar el pensamiento especializado y la comunicación compleja a los estudiantes, donde la forma de medir el aprendizaje es por medio de un examen de selección múltiple colegiado para ahorrar dinero. También este sistema educativo tradicional solo concibe que se pueda aprender a través de materias formales y no a través de experiencias extra clases o fuera de la Institución educativa.
La posición es que la educación tradicional no prepara a los jóvenes para el futuro, donde la integración de talentos, pericia y experiencia para comparar situaciones problemáticas y resolverlas, no es la tónica del aula. Es más, la colaboración entre estudiantes, no es la regla y precisamente esta competencia es vital, para laborar en algunas empresas actuales y aun más en las empresas del “futuro”.
Tradicionalmente los modelos educativos han ido de la mano con los ambientes de trabajo, en el sentido de que prepara a las personas para el supuesto entorno laboral, donde se van a desempeñar, sin embargo; las competencias tradicionales de la educación ya no son del todo útiles actualmente y mucho menos en un futuro cercano, hay desfase definitivamente. El profesional no está siendo preparado para responder al mundo del trabajo que demanda las competencias señaladas, que se enfocan en la creatividad y solución de problemas. Creatividad para hacer los procesos “menos gordos”, más planos y con equipos de trabajo pequeños pero de alto desempeño.
Todo este entorno plantea un desafío para la práctica docente tradicional; el educador debe tener claro que la forma tradicional de enseñar y evaluar el aprendizaje, no es efectivo. Los exámenes de selección, marcar con X o resolver una ecuación, no son efectivos. El docente no puede pararse al frente de una clase y basar su transmisión de información en una docencia magistral. Debe ser más creativo y debe tener presente las distintas formas en que las personas aprenden; por ejemplo: investigación individual y grupal, solución de casos, prácticas dirigidas, pasantías en empresas o ejercicios críticos. Debe fomentar el pensamiento crítico, el proceso interno de la información para sacar conclusiones y modelos de referencia, para solucionar problemas y tomar decisiones cuando lleguen a las empresas.

Un ensayo sintético- bien. Un pequeño detalle- no hace falta aclarar "mi posición", puesto que, con solo escribirlo, el lector lo asume, salvo que el autor aclare lo contrario.
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